Belalcázar conmemora estos días una fecha de especial relevancia para su historia religiosa y patrimonial. Hace 550 años, el 7 de octubre de 1476, llegaban a la localidad veinticuatro religiosos de la Provincia Franciscana de Santoyo, dando comienzo a una presencia franciscana que se ha mantenido durante cinco siglos y medio.
La fundación estuvo promovida por doña Elvira de Zúñiga, viuda de don Alfonso de Sotomayor, una mujer de profundas convicciones religiosas que, tras el fallecimiento de su esposo, decidió impulsar la construcción de un convento en las afueras de Belalcázar.
Junto al convento, doña Elvira mandó construir también una casa en la que se retiraba ocasionalmente junto a sus hijas y desde la que podía asistir a las celebraciones litúrgicas de los frailes.
En sus primeros años, el convento no recibió la denominación actual de Santa Clara de la Columna, sino que tomó el nombre de San Francisco, en referencia al fundador de la Orden de Frailes Menores. En sus dependencias se estableció aquella comunidad de religiosos pertenecientes a la orden fundada por San Francisco de Asís en 1209, cuya expansión por Europa alcanzó también numerosos lugares de España.
La llegada de aquellos primeros veinticuatro religiosos supuso así el inicio de una historia que ha quedado profundamente vinculada a Belalcázar y a su patrimonio religioso, cultural e histórico.
Cinco siglos y medio después, la localidad recuerda aquella llegada y da gracias por los 550 años de presencia franciscana, una trayectoria marcada por la espiritualidad, la vida comunitaria y la huella que esta orden ha dejado en la historia de Belalcázar.
Un aniversario que permite volver la mirada a aquel 7 de octubre de 1476, cuando veinticuatro frailes llegaron a la localidad para comenzar una nueva fundación que, 550 años después, continúa formando parte de la identidad de Belalcázar.
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